Scuola Internazionale delle Arti, della Lingua e della Cultura Italiana

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distintivo

Vivir y estudiar en Florencia, una ciudad impregnada de historia y arte, significa experimentar cada día en carne propia la armonía y la belleza. El logo de la AEF representa proprio éste sentido de equilibrio, con la Cúpula de Brunelleschi inscrita en el cuadrado y en el círculo del Hombre de Vitruvio, y las letras colocadas respetando las proporciones de la sección aurea o sección dorada.

Cuando llegó el momento de elegir un objeto que representara la AEF, nos preguntamos: ¿Cómo podríamos encontrar una síntesis entre la necesidad de difundir la imagen de la escuela en el mundo y preservar nuestra identidad y estilo? La respuesta vino de un pequeño laboratorio artesanal ubicado en el corazón de Florencia y de la creatividad de su propietaria, Elena Dosio.

El lugar se llama Pesci che volano, Peces que vuelan, es un lugar mágico de donde alzan vuelo, de hecho, increíbles creaciones inspiradas en peces y otras joyas: Anillos, pulseras, collares, distintivos. Desde ahora, también el distintivo de la Accademia Europea di Firenze, que representa nuestro logo, la cúpula del Duomo, reinterpretado por Elena y sus manos expertas, con un estilo moderno que sigue una técnica antigua, la fundición a cera perdida, procedimiento mediante el cual el metal fundido se moldea en la impresión que permanece en una cubierta de yeso después de la licuefacción del prototipo. Esta muestra, modelada en cera, se denomina "perdida" y no replicable en serie.

Se trata de un proceso que tiene sus raíces en la Edad del Bronce y que fué también utilizado por los Griegos y los Romanos. Por ejemplo, entre las obras de la época clásica realizadas con éste procedimiento destacan los inmortales Bronzi di Riace. En la Edad Media, la técnica fue abandonada gradualmente, y luego recuperó su suerte durante el período del Renacimiento, gracias a la recuperación de los cánones estéticos clásicos, característicos del Humanismo. El primer trabajo de fundición a cera perdida de grandes dimensiones de la modernidad es el San Giovanni Battista de Lorenzo Ghiberti, el coloso de bronce de más de dos metros, entre las estatuas de los protectores de las Artes de Florencia en los nichos externos de la iglesia de Orsanmichele. También Benvenuto Cellini usó ésta técnica que discutió en detalle en el "Tratado de la Escultura" de 1568.

Cada distintivo de la AEF es, por lo tanto, una pieza única, una pequeña joya florentina, testigo del estilo y del saber hacer italiano.

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