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San Miniato al Monte
Durante la primavera, Florencia se ilumina con una luz aún más mágica, que la hace resplandecer en toda su belleza. Una meta obligada en este período del año es, indudablemente, Piazzale Michelangelo, capaz de regalar a quien se acerque un panorama sin igual. No muy lejos de allí, en uno de los lugares más altos de la ciudad, se encuentra una pequeña joya que hace poco celebró sus mil años: la Basílica de San Miniato al Monte.

 

“Haec est Porta Coeli” (Esta es la puerta del cielo) reza la inscripción en la puerta de la Basílica, evocando la expresión bíblica de Jacob, en el episodio del Génesis en el cual sueña la escalera hacia el cielo. Todo aquél que se acerca a este maravilloso ejemplo de arquitectura románica florentina, tiene la sensación de econtrarse frente a una especie de ingreso a la casa celestial: un mixto de temor e inspiración catártica.

Justamente con la restauración de sus tres puertas, que conducen a igual número de naves, se inauguró el rico calendario de eventos para los mil años de la Basílica. Un gran trabajo de investigación histórica y técnica, ejemplificado con la restauración de algunos clavos que se habían perdido y que fueron forjados de nuevo a mano.

La Puerta Santa se habría erigido sobre la sepultura del mártir Miniato, asesinado en las persecusiones de Decio, en el año 250 D.C. Justo para custodiar dignamente las reliquias del Santo, el obispo florentino Ildebrando quiso edificar este grandioso edificio en el año 1018.

El estilo inconfundible, los detalles en mármol y su característica bicromía serán retomadas por los grandes arquitectos florentinos en los siglos posteriores. Brunelleschi, por ejemplo, utilizará la Basilica de San Miniato al Monte como ejemplo e inspiración para las obras maestras diseñadas por él para la ciudad.

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