Scuola Internazionale delle Arti, della Lingua e della Cultura Italiana

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La Electora PalatinaImágen de fionline.it/galleria-palatina
Florencia se encuentra entre las ciudades más increibles del mundo y su belleza ha inspirado enteras generaciones de poetas, arquitectos, músicos, escultores y pintores. Un auténtico cofre de tesoros que, desde hace siglos, custodia arte, cultura y que con sus impresionantes paisajes, poéticos callejones y majestuosas arquitecturas enamora a quien la conozca.

Pocos saben que son muchas las mujeres que han contribuído a hacer de Florencia el lugar encantado que todos conocemos. Entre las “Madonnas Florentinas” a quien más debemos profundo agradecimiento, está sin duda Anna Maria Luisa de Medici.

Nacida en Florencia en 1667, fue la última representante de la estirpe de los Medici. Anna Maria Luisa era la única hija de la Princesa Margarita Luisa d’Orleans y del Gran Duque Cosimo III, quien invirtió los últimos años de su vida en el intento vano de hacerla reconocer como su legítima heredera ante los demás estados Europeos.

En 1690, Giovanni Carlo Guglielmo I, príncipe elector del Palatinato, una monarquía reinante en las regiones centrales del Rhin, pidió la mano de Anna Maria Luisa. En Febrero de 1691, para ganarse el favor del padre de su prometida, el príncipe solicitó y obtuvo del mismísimo Emperador la conseción del título de Alteza Real a Cosimo III, que en señal de agradecimiento, aceptó el matrimonio.

Vivió al lado de su marido hasta el año 1717, cuando volvió a la amada Florencia. Quedando estéril por una grave enfermedad, no tuvo hijos, y en 1737, y después de la muerte de su hermano Gian Gastone, último Duque de la estirpe, pasó a ser la última heredera de la gloriosa casa de los Medici.

Hasta aquí, nada excepcional, dirán ustedes. Sin embargo Anna Maria Luisa de’ Medici ha realizado una empresa extraordinara, que la consagra por derecho propio entre las mujeres más importantes del arte italiano: conciente que después de su muerte el gran Ducado de Toscana pasaría a las manos de Lorena de Asburgo, y temiendo que Florencia pudiera ser despojada de su inmenso patrimonio artístico (como ya había sucedido en Ferrara, Urbino y Mantua al final de las respectivas estirpes gobernantes) estableció con los Lorena un “Pacto de Familia”, donde se prohibía absolutamente la transferencia de los bienes artísticos y arquitectónicos florentinos a cualquier otro lugar. Así, el patrimonio de los Medici permaneció irremediablemente ligado a la ciudad “para utilidad del público y para llamar la atención de los forasteros”, como señala el pacto mismo.

En honor a Anna Maria Luisa, la “Gran Electora Palatina”, todos los años, el 18 de febrero, los Museos Cívicos Florentinos son visitables gratuitamente, en conmemoración de la muerte de esta gran mujer.

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