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Cómo Florencia se ha convertido en parte de mi experiencia en Italia

Cuando llegué por primera vez a Florencia, aprender italiano estaba muy ligado a mis clases en AEF. Mi objetivo era aprender vocabulario nuevo, entender la gramática y ganar la confianza necesaria para hablar. Ahora, después de un mes y medio viviendo aquí, me he dado cuenta de que el italiano forma parte de muchos más momentos de mi día a día. Entre recorrer los museos y las calles históricas de Florencia, estudiar en bibliotecas tranquilas y conocer gente nueva, la ciudad se ha convertido en una parte esencial de mi aprendizaje del idioma. Mientras que AEF me ha dado la estructura y el apoyo para aprender, Florencia me ofrece innumerables oportunidades para poner en práctica todo ese conocimiento.

Los momentos más gratificantes suelen ser los más inesperados. A veces reconozco una frase que vimos en clase mientras leo la información de un museo, escucho una expresión que aprendí recientemente durante una conversación o me doy cuenta de que entiendo mucho mejor un letrero o un anuncio que hace apenas unas semanas. Son esos pequeños momentos los que hacen que el idioma se sienta mucho más real. También he notado que el vocabulario es más fácil de recordar porque está relacionado con experiencias cotidianas y no solo con una página de un libro. En lugar de memorizar palabras de forma aislada, las veo y las escucho usadas de manera natural a mi alrededor, lo que hace que aprender sea mucho menos abstracto.

Estudiar en el extranjero también ha significado crear una rutina que funcione para mí. Uno de mis lugares favoritos para estudiar es la Biblioteca delle Oblate, donde puedo trabajar mientras disfruto de una vista increíble del Duomo. Es difícil quejarse de estudiar cuando tu descanso incluye uno de los monumentos más emblemáticos de Florencia. Tener lugares como este tan cerca ha hecho que estudiar se sienta como parte de la experiencia de vivir la ciudad y no como una actividad separada. Pasar una tarde allí es tan parte de mi vida en Florencia como visitar un museo o caminar por sus calles.

Mientras más aprendo sobre la historia de Florencia, más sentido tiene aprender italiano. Visitar museos y sitios históricos no se trata solo de admirar obras de arte famosas, sino también de aprovechar otra oportunidad para practicar el idioma y comprender las historias que hay detrás de cada lugar. He descubierto que las palabras son mucho más fáciles de recordar cuando están asociadas con un lugar, una historia o una experiencia. Leer la información de los museos en italiano y reconocer el vocabulario aprendido en clase refuerza lo que he estudiado y, al mismo tiempo, me permite apreciar aún más la ciudad.

Algunos de mis momentos favoritos han surgido al descubrir esos pequeños detalles que hacen única a Florencia. Antes de llegar aquí, nunca había oído hablar de las famosas ventanitas del vino. Ahora, cada vez que encuentro una, recuerdo cuánta historia puede esconderse en los rincones más pequeños de la ciudad. Conocer tradiciones como esta ha despertado aún más mi curiosidad y me ha motivado a seguir haciendo preguntas, tanto en inglés como, siempre que puedo, en italiano. Son estos pequeños descubrimientos los que hacen que Florencia deje de sentirse como un lugar que simplemente estoy visitando y se convierta poco a poco en un lugar que realmente estoy conociendo.

Una de las mejores formas que he encontrado para practicar italiano fuera de AEF ha sido unirme a un club local de taekwondo. Como también practico este deporte en mi universidad, ha sido muy interesante experimentar cómo se enseña en otro país. Aunque las técnicas son las mismas, el estilo de enseñanza, la estructura de las clases e incluso la terminología utilizada me han dado una perspectiva completamente diferente. Ha sido una experiencia lingüística distinta, porque nadie está allí para enseñar italiano: el objetivo es simplemente entrenar juntos. Las conversaciones surgen de forma natural, ya sea siguiendo instrucciones, platicando antes de la clase o aprendiendo vocabulario específico del deporte. Me he dado cuenta de que algunas de las experiencias más valiosas para aprender un idioma ocurren cuando ni siquiera estás pensando en estudiarlo. Simplemente estás comunicándote, participando y formando parte de una comunidad. Muchas veces, aprender un idioma significa compartir una actividad que disfrutas, adaptarte a un entorno diferente y crear conexiones a través de un interés en común.

Además, escuchar ha sido una de las formas de práctica más valiosas. Aunque no entienda cada palabra, cada día me familiarizo más con el ritmo, los sonidos y la fluidez natural del italiano. Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que está bien no entenderlo todo. Hace unas semanas eso me habría frustrado, pero ahora lo veo como una parte natural del proceso. Cada conversación que escucho, cada interacción que tengo y cada día que paso rodeada del idioma fortalecen poco a poco mi confianza.

Cuando llegué a Florencia, pensaba en el italiano como algo que estudiaría durante mi estancia aquí. Ahora siento que forma parte de mi vida cotidiana. Las clases en AEF me han dado una base sólida, pero Florencia ha sido la ciudad que les ha dado verdadero significado. Ya sea explorando un museo, estudiando en una biblioteca, entrenando taekwondo o simplemente caminando por sus calles, cada experiencia me enseña algo nuevo.

LO MEJOR DE LA SEMANA

Comida favorita: ¡Pasta casera con salsa de tomate preparada junto con mi compañera de departamento!

Lugar favorito: Convento di San Francesco, en Fiesole.

Nueva expresión aprendida: ‘Stare con le mani in mano’ (No hacer nada).

Lo que más espero: ¡Un viaje de fin de semana a Génova!

¡

Hasta la próxima!

¡Besos y abrazos!

Charlotte

Charlotte Young