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Comenzando mi segundo mes en Florencia: sintiéndome cada día más en casa

Hace un mes, todo en mi vida diaria en Florencia era nuevo. Pasaba el día consultando Google Maps, traduciendo conversaciones mentalmente e intentando seguir el ritmo de una ciudad que todavía me resultaba desconocida. Ahora, al comenzar mi segundo mes en AEF, me he dado cuenta de que los cambios más importantes no han sido grandes ni espectaculares. Han sido esos pequeños momentos cotidianos que, poco a poco, han hecho que Florencia se sienta más como un hogar.

Lo que más ha cambiado no es solo mi italiano, sino también la forma en que percibo la ciudad. Las calles que antes tenía que revisar constantemente en el mapa ahora me resultan familiares, y las rutinas diarias empiezan a sentirse naturales en lugar de abrumadoras.

Uno de los cambios más evidentes ha sido en las interacciones del día a día. Hace poco, mientras recorría tiendas vintage, expliqué en italiano que todavía estaba aprendiendo el idioma. En lugar de cambiar inmediatamente al inglés, los vendedores siguieron hablándome en italiano con paciencia, ánimo y muchas ganas de mantener la conversación. ¡Hace apenas un mes probablemente habría evitado esa situación por completo!

Incluso algo tan simple como pedir comida se siente diferente. Ya no ensayo mentalmente cada frase antes de hablar. Claro que todavía requiere esfuerzo y sigo cometiendo errores, pero ahora hay una confianza que antes no tenía. También he empezado a crear pequeños vínculos en lugares que frecuento, como con el personal de algunos cafés y bares, donde las conversaciones ya van mucho más allá de hacer un pedido. Esos intercambios espontáneos han hecho que el italiano se sienta más natural y menos como un idioma que solo utilizo dentro del salón de clases.

Este mes también pasé al nivel C1, lo que representa otro recordatorio del progreso que he logrado. Es emocionante, aunque no significa que hable italiano perfectamente. De hecho, me hace aún más consciente de todo lo que me queda por aprender. La mayor diferencia no es que haya dejado de equivocarme, sino que ya no tengo tanto miedo de cometer errores.

Algunos de los aprendizajes más valiosos ocurren fuera de clase. Pasar las tardes estudiando en la Biblioteca Marucelliana, ubicada a pocos pasos de la escuela, me ha regalado un espacio tranquilo rodeado de siglos de historia. Además, visitar la exposición fotográfica sobre la Florencia de las décadas de 1950 y 1960 en Villa Bardini, recorrer el Palazzo Pitti y asistir a una presentación de danza en Villa La Quiete me han permitido conocer la ciudad desde perspectivas muy diferentes.

Esa sensación de pertenencia se hizo aún más evidente durante las celebraciones locales. Ver pasar la histórica procesión desde mi apartamento antes del Calcio Storico y compartir con miles de personas los fuegos artificiales de San Giovanni me hizo darme cuenta de que ya no solo estaba observando Florencia como visitante: estaba viviendo sus tradiciones junto a quienes llaman a esta ciudad su hogar.

Esta creciente familiaridad también ha cambiado mi forma de moverme por Italia. Hacer una excursión de un día por mi cuenta a Lucca es algo que no creo que hubiera hecho durante mi primera semana. En ese entonces, tomar un tren, comprar boletos o hablar en italiano me parecía intimidante. Hoy sigue representando un desafío, pero ahora lo vivo con entusiasmo en lugar de sentirme abrumada.

Mientras comienzo mi segundo mes, mis objetivos ya no se centran en grandes cambios, sino en seguir avanzando paso a paso. Quiero continuar mejorando mi italiano, especialmente en fluidez y confianza; descubrir más rincones de Florencia y de la región de la Toscana; y mantenerme abierta a esos momentos inesperados que, muchas veces, terminan siendo los más memorables.

Mirando hacia atrás, queda claro que la verdadera transformación no llegó gracias a un solo momento decisivo, sino a la suma de muchos pequeños instantes: pedir el almuerzo sin dudar, reconocer calles familiares, estudiar en bibliotecas silenciosas, viajar sola o participar en las tradiciones locales. Poco a poco, todos esos momentos han hecho que Florencia deje de ser simplemente la ciudad donde estudio y se convierta en la ciudad donde realmente estoy viviendo.

LO MEJOR DE LA SEMANA

Comida favorita: Rigatoni en Osteria Santo Spirito

Lugar favorito: Bellosguardo Belvedere

Nueva expresión aprendida: ‘Parli del diavolo e spuntano le corna’ (‘Hablando del diablo’)

Lo que más espero: Conocer mejor a todas las personas nuevas de mi clase

Hasta la próxima

Baci e abbracci,

Charlotte

Charlotte Young