LA LLEGADA
No sabía que una ciudad podía mirarme antes de yo aprender a verla.
Antes de que yo entendiera cómo amarla, Florencia ya me estaba leyendo el alma.
Llegué con el alma envuelta en silencio,
con palabras que aún no sabía decirme.
No venía a encontrar nada.
Venía, quizás, a perderme.
Y en ese perderme…
me empecé a reconocer.
Y terminé encontrando partes de mí que no sabía que estaban esperando ser vistas.
CAPÍTULO 1 – Carta al amor por la belleza
Florencia me habló primero con la luz.
Una grieta, una cornisa, una sombra que bailaba en las paredes.
Me enseñó que lo bello no grita.
Que espera.
Que florece cuando se le mira sin apuro.
"A ti, belleza, te encontré en las grietas de los muros y en la perfección del mármol pulido...
En cada iglesia que me recibió con silencio, en cada atardecer que no supe fotografiar del todo… Me enseñaste a quedarme quieta, a mirar, a no tocar nada más que con los ojos abiertos y el alma dispuesta."
CAPÍTULO 2- Carta al amor por el arte
Aquí el arte no cuelga, respira.
Las estatuas no son piedra: son memoria, son deseo petrificado.
Las pinturas me abrieron costillas,
y en cada pincel,
alguien también me pintaba a mí.
"A ti, arte eterno... te encontré en mármoles que respiran y en cuadros que sangran belleza.
No fuiste solo museo, fuiste herida abierta y abrazo sagrado. Cada pincelada parecía recordarme que lo humano también puede ser divino.
Contemplarte fue aprender a quedarme sin palabras, y aún así sentirme completa."
CAPÍTULO 3- Carta al amor por los momentos
Empecé a vivir sin reloj.
A escuchar los pasos, las copas vibrar, el viento decir cosas sin sentido.
Descubrí que el instante no necesita historia,
solo presencia.
Y yo aprendí a estar.
"A ti, momento que pasaste sin avisar… te recuerdo en un trago de espresso, en un rayo de sol que tocó mi hombro, en la risa que brotó sin explicación.
Eras un respiro, una pausa en la eternidad. Me enseñaste que lo sagrado no siempre necesita testigos… solo presencia.
Gracias por volverme más consciente, más ligera, más viva."
CAPÍTULO 4- Carta al amor de los enamorados
Los vi cruzar la ciudad como si ella también se enamorara al verlos.
Los enamorados, con sus gestos mínimos,
me dijeron que el amor no siempre llega,
pero nunca se va del todo.
A veces solo está, en los otros.
Y con eso basta.
"A ustedes, enamorados que llenaban las calles con gestos suaves y silencios compartidos…
Fueron un espejo. Me recordaron lo simple que puede ser el amor cuando hay verdad.
Los vi tomarse de las manos como si nada importara, y por un momento, yo también amé con ustedes. Gracias por mostrarme que el amor sigue existiendo, incluso si solo fui espectadora, los sentí, los siento y los sentiré por siempre, pues el pilar de mi existencia yace en la emoción de amar profundamente."
CAPÍTULO 5 : Carta al amor que encontré en los otros
El otro… fue puente, fue espejo, fue casa.
Hablábamos el mismo idioma y nos entendimos en las miradas.
Nos compartimos como quien no teme quedarse.
“A ti, amor sin nombre... te vi en sonrisas que me ofrecieron hogar sin pedirlo, en abrazos prestados, en mesas compartidas.
En las risas sin traducción, en los bailes bajo luces de colores, en los brindis que terminaron en confesiones...
Con ustedes, descubrí lo fácil que es querer cuando se vive con los ojos bien despiertos."
Conocerles fue hallarnos,
como ríos que al fin se cruzan,
cada uno con su cauce,
con sus luces, con sus dudas.
Compartir fue respirar juntos,
la misma tarde, el mismo sol,
una risa tejida entre muchas,
una historia hecha canción.
Fueron nuevos los paisajes,
fue distinto el caminar,
pero en cada paso suyo
algo en mí quiso quedarse ya.
Nos tocamos con palabras,
con enojos, con verdad,
con silencios que acompañan
y miradas que dan paz.
Cada instante fue semilla
que en el alma germinó,
y aunque el tiempo nos disperse,
ya ninguno es quien llegó.
Se volvieron parte nuestra,
como el aire y como el mar,
y en el eco de los días
los llevamos al andar.
Se van conmigo, y yo con ustedes,
en todo lo que fuimos, en todo lo que seremos.
CAPÍTULO 6: Carta al amor propio
*Y al final, me encontré a mí.
No en los espejos, sino en los días en que no me quise ir.
Me hablé con ternura. Me abracé sin pretexto.
No me pedí explicaciones.
Me dije: estás bien.
Y fue suficiente.*
"Y a ti... a ti que tantas veces olvidé...
Te encontré una mañana en que caminé sin rumbo, en una lágrima que no escondí, en una nota que escribí para mí sola.
Aprendí a no juzgarme cuando dudé, a no exigirme tanto, a abrazarme fuerte aunque nadie me viera.
Florencia me recordó quién soy cuando no estoy intentando ser nadie más."
CIERRE – DESPEDIDA
"Ahora que me voy, no me llevo solo recuerdos.
Cada lugar se llevó algo de mí.
Cada comida, cada palabra, cada calle... me escribió en su historia.
Y yo los llevo a todos conmigo. Transformada. Más mía. Más viva.
Gracias, ... por enseñarme a amar sin motivo y a mirar sin prisa."
CIERRE FINAL – Transformación
y Hoy no me voy… me transformo.
Florencia no es ya un lugar en el mapa.
Es una parte mía que floreció.
Fue un lenguaje secreto que mi alma ya sabía,
pero que hasta ahora, no se atrevía a pronunciar.
Aquí no encontré respuestas.
Encontré preguntas que duelen bonito.
Y la certeza de que uno no se termina de conocer…
hasta que se ve en la luz de lo que ama.
Dejé atrás versiones de mí que me pesaban,
y me llevo otras…
livianas, nuevas, imperfectas…
mías.
Porque aprendí a amar sin tener,
a mirar sin capturar,
a vivir sin repetir.
Porque amar no es siempre tener,
ni quedarse.
A veces, el mayor acto de amor es mirar sin poseer,
y decir: "Esto también fue mío, aunque no me lo lleve".
Así me fui quedando en calles, en cafés,
en risas que no sé repetir.
Y así también, se quedaron ellos en mí.
Y tú… que me escuchas, que me ves…
¿Dónde te dejaste mirar por última vez?
¿Qué parte de ti espera que la mires con más amor?
Si te atreves a vivir con el alma abierta…
verás que el amor no se busca. Se reconoce.
Y que muchas veces…
ya está esperándote donde menos pensabas.
En ti.
-Mariel Villanueva 2025
VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=BsKL8JZxeq4
