Vivir y estudiar en Florencia ya es una experiencia inolvidable, pero este semestre en AEF se volvió aún más significativo durante la Semana de la Sostenibilidad, una semana dedicada a la vida verde, la conciencia cultural y las elecciones cotidianas que moldean nuestro futuro. Desde limpiar parques hasta debatir la ética de la moda, la semana me mostró que Florencia no es solo una ciudad de historia, sino también una ciudad que busca un mañana sostenible.
Comenzar con acción: limpiar Florencia con Angeli del Bello
La semana comenzó con una actividad tan simple como simbólica. Junto con Angeli del Bello, una asociación local dedicada a mantener la belleza de Florencia, nos reunimos frente a la escuela y caminamos hasta un parque cercano. Con guantes y tres bolsas separadas: una para vidrio, otra para plástico y otra para papel. Nos unimos a decenas de estudiantes y profesores en una limpieza colectiva.
Puede parecer un gesto pequeño, pero recoger basura en una ciudad tan rica en arte y cultura me hizo reflexionar sobre lo que realmente significa la “belleza”. Florencia no es solo Miguel Ángel y Brunelleschi, también son las plazas donde se reúnen las familias, los espacios verdes donde juegan los niños y los rincones tranquilos por los que pasamos cada día. Proteger esos espacios me pareció una manera muy florentina de comenzar la Semana de la Sostenibilidad.
Moda y responsabilidad: aprendiendo de Zerolab
El segundo día cambiamos los parques por la pasarela. Recibimos a la directora de Operaciones y RSE de Zerolab, el primer hub italiano de “upcycling” en la moda. Zerolab trabaja con grandes socios de lujo como Gucci, Cartier, Ralph Lauren y Burberry para afrontar uno de los problemas más urgentes de Italia: los desechos de cuero. Cada año se descartan en Italia unos 750 millones de kilos de cuero.
Como se explicó, la industria de la moda es responsable de alrededor del 10% de las emisiones globales. Es un dato impactante, especialmente aquí en Florencia, una ciudad famosa por la artesanía y el lujo. Pero lo que más me llamó la atención fue la solución de Zerolab: kits de bricolaje que permiten a los consumidores reutilizar y transformar materiales por sí mismos. Fue inspirador darme cuenta de que la sostenibilidad en la moda no significa rechazar el lujo por completo, sino repensar los sistemas que lo producen.
Turismo y ciudad: el reto del “sobreturismo”
El tercer día abordamos uno de los debates más urgentes en Florencia: el sobreturismo. Con más de 19,5 millones de visitantes en 2024, Florencia es una ciudad amada casi en exceso. Un especialista en turismo urbano sostenible nos habló de cómo el turismo moldea la economía de Toscana, representando el 13% del PIB regional, pero también supone un desafío para la calidad de vida de los residentes locales.
Hablamos de cómo el turismo afecta a Florencia en muchos niveles: el medio ambiente, la economía e incluso la cultura. Por ejemplo, mientras las famosas “ventanas del vino” se han convertido en una atracción curiosa para los visitantes, también simbolizan cómo las tradiciones pueden ser reempaquetadas para el consumo. Escuchando esta charla, me sentí dividida: como estudiante internacional, también formo parte de este flujo de forasteros. Pero estar aquí por más tiempo que unos pocos días me da una perspectiva diferente, una que valora Florencia como un hogar, no solo como una postal.
El día terminó de una manera más ligera con un “aperitivo verde”, en el que todos vestimos tonos de verde. Compartiendo bebidas y conversación en AEF, comprendí que la sostenibilidad no se trata solo de sacrificio; también tiene que ver con la comunidad, la creatividad y la alegría.
Reflexiones: vivir de forma sostenible en Florencia
La Semana de la Sostenibilidad en AEF me enseñó que la sostenibilidad no es una sola acción o conferencia, sino una forma de vida. Ya sea recogiendo basura en un parque, repensando la ropa que usamos o reimaginando cómo las ciudades reciben a los visitantes, las decisiones que tomamos se expanden hacia afuera.
Para mí, como estudiante en Florencia, esta semana hizo que la sostenibilidad se sintiera tangible y profundamente conectada con la cultura italiana. Florencia enseñó al mundo la belleza del Renacimiento hace siglos; quizás ahora pueda enseñarnos algo igual de valioso: cómo construir un futuro que no solo sea bello, sino también sostenible.
