¿Y si un simple gesto puede cambiar nuestra relación con una ciudad?
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¿Y si un simple gesto puede cambiar nuestra relación con una ciudad?

Esta pregunta surge de una experiencia personal en mi primera vez en Florencia, en enero de 2024. Cuando llegué a esta ciudad quedé impresionada: cada esquina te muestra arte y belleza en su máximo esplendor. Pero no fue solo el Duomo o el Ponte Vecchio lo que me atrapó. Fue un gesto pequeño, casi mágico, el que me hizo sentir que Florencia y yo teníamos un acuerdo secreto.

Esta pregunta surge de una experiencia personal en mi primera vez en Florencia, en enero de 2024. Cuando llegué a esta ciudad quedé impresionada: cada esquina te muestra arte y belleza en su máximo esplendor. Pero no fue solo el Duomo o el Ponte Vecchio lo que me atrapó. Fue un gesto pequeño, casi mágico, el que me hizo sentir que Florencia y yo teníamos un acuerdo secreto.

Tres veces he visitado esta ciudad, y en cada una he ido corriendo al Mercado Nuevo a frotar el hocico del Porcellino, esa famosa estatua del jabalí que promete, según la leyenda, que regresarás a Florencia si lo haces con cariño. La primera vez lo hice medio en broma, pensando “pues ajá a ver si es cierto”. Pero cuando volví en verano y luego este año, 2025, sentí que algo en ese ritual me conectaba no solo con la ciudad, sino con algo más grande.
¿Es un efecto placebo? Puede ser. Pero, ¿no es fascinante cómo nosotros los humanos, desde siempre, hemos creado estos objetos y rituales para darnos esperanza o fe? Desde amuletos antiguos hasta fuentes como esta, hay algo en esos gestos que nos hace soñar con volver, con reencontrarnos.
El Porcellino no es solo una estatua bonita. Data del siglo XVII, inspirada en un original griego, y está llena de historias de viajeros que, como yo, le confían sus deseos de retorno.

Hoy, en un mundo que a veces se siente rápido y digital, estos pequeños actos nos recuerdan la magia de lo tangible, de tocar algo y creer que puede cambiar nuestro camino.

Para mí, frotar su hocico es una forma de decirle a Florencia: “Nos vemos pronto”.

En la AEF, donde el arte y la cultura son el corazón de lo que hacemos, estas tradiciones nos invitan a reflexionar: ¿qué gestos nos unen a los lugares que amamos? En 2025, mientras exploramos nuevas formas de conectar con el mundo, el Porcellino me recuerda que a veces basta un simple toque para sentir que pertenecemos. Así que, si pasas por Florencia, no olvides visitarlo. Frota su hocico, cierra los ojos y pídele un deseo. Quién sabe, quizá te traiga de vuelta.

-Carolina Morales Muñoz, 2025